En la sede de Gobierno, el presidente encabezará reuniones con su equipo económico y político para afinar el proyecto que presentará al Parlamento. Su bloque, que roza las 90 bancas en Diputados —y, contando aliados, apunta al centenar—, y con una veintena de senadores propios, depende de acuerdos externos para alcanzar las mayorías necesarias en sendas cámaras.

Este lunes, el ministro del Interior se puso al frente de una ronda de encuentros con gobernadores —incluidos mandatarios de distintas provincias— para tejer apoyos. Su agenda federal incluye también una serie de cuestiones fiscales y de obras públicas que forman parte del paquete de incentivos para lograr los votos, informaron a AIM fuentes parlamentarias.

En paralelo, la estrategia política se coordina desde la presidencia con la intervención de un funcionario clave, encargado de articular las negociaciones en un Congreso fragmentado donde cada voto cuenta.

El foco está puesto en que, si el Presupuesto 2026 se aprueba sin sobresaltos, el Ejecutivo podrá enviar una señal de estabilidad hacia los mercados, los gobernadores y los sectores productivos. Si, en cambio, fracasa la negociación, el margen para las reformas estructurales disminuiría drásticamente.

El Senado presenta para el Gobierno un escenario menos conflictivo que en otras gestiones, pero aún con desafíos significativos. En Diputados la situación es más compleja: sin un interbloque claro con el partido mayoritario de la oposición, la ingeniería parlamentaria será esencial para el éxito, constató AIM.

Todo indica que esta semana será la primera gran prueba de gobernabilidad del ciclo legislativo que se inicia, con el Presupuesto 2026 como campo de batalla y las reformas buscando respaldo político hacia adelante.

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